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de, razón no he oído otra cosa a mis agüelos, padres, y tíos y demás deudos de toda rni familia que Olivas y más Olivas; mi agüelo, padre de mi padre Alexandro Favián, se llamaba Juan Baptista Oliva, y en las informaciones que yo di cuando me ordené, acerca de mi generación, fue de mis agüelos por parte paterna Joan Baptista Oliva, de nación genoves, cristiano viejo y de solar conocido; en otras que agora actualmente se están haciendo para que se ordene de epistola otro hermano mio menor, llamado Ignacio, se dice de la mesma suerte, nieto de Joan Baptista Oliva, genovés, habrá 35 o más años que estuvo aquí en mi casa otro que se llamaba Francisco Oliva, vivió en ella con mis padres más de 3 años hasta que se volvió a Génova. Acuérdome que le trajo a mi padre, que Dios haya en su gloria, muchos vasos para beber de vidrio de Venecia muy preciosos, de los cuales conservaba yo uno en mi iglesia por cosa muy estimada, por ser en forma de cáliz y servía para dar agua a los que allí comulgaban, después de recebida la hostia; el cual me quebró uno de mis sacerdotes, que lo sentí harto y guardé los pedazos del vaso quebrado, tanto era lo que lo estimaba. Vuestra Paternidad Reverenda me ha de hacer singular merced en saber de su Paternidad Reverendisima si esto es así, y yo me tendré por el hombre más feliz y bien aventurado del mundo de haber merecido tina dicha tan grande, como es ser de la sangre y familia de un varón tan ilustre, tan grande y tan magnífico; pues no tendré mayor cosa de que gloriarme, si mi ventura es tal que sea esto así, como yo y todos los demás de mi linaje que hoy están y se hallan en las Indias lo Iran juzgado y lo han dicho; y juntamente tendré otra ocasión más de qué vivir eternamente agradecido a Vuestra Paternidad Reverenda, pues por su medio habré alcanzado la ventura de conocer y descubrir la sangre de mi generación que en lo remoto de aquestos reinos tenía oculta y escondida. A cuya Paternidad Reverendisirna saludará Vuestra Paternidad en mi nombre, que por la priesa del irse la nao no le escribo, agiiardando mejor ocasión en el viaje siguiente, donde irá la recompensa del don de sus magníficas manos recibido, que cuando no sea como SU Paternidad Reverenda merece, al menos será como mi buena voluntad y rendido agradecimiento ha podido. En lo tocante a la dispensación de aquel mi sacerdote, agradeceré yo y él el cuidado que Vuestra Paternidad Reverenda ha puesto en su despacho y en la navegación siguiente dice que enviará otros 50 pesos reales de a ocho para los gastos que en la expedición del breve se hubieren hecho, por haberle avisado yo, como Vuestra Paternidad Reverenda me había escrito, que la pecunia que había enviado había sido muy corta; que la pintura de plumas del glorioso san Athanasio, la enviase Vuestra Paternidad Reverenda al Señor Emperador ha sido para mi de mucha alegría y también para aquellos señores canónigos de Mechoacan, y su obispo el Señor don Marcos Ramírez de Prado, por cuya diligencia se hizo, pues han visto que el trabajo que en ella pusieron se logró en tan alto grado, como ha sido el haber ido a parar a manos del Emperador Supremo; juzgo que Dios lo ha dispuesto desta suerte para mejor disposición de mis cosas y negocios, que hoy corren con todo mi credito y honra por manos de Vuestra