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'''Los gobiernos del Perú'''. Ricardo Palma, ''Tradiciones peruanas - Quinta serie'', Tomo III, 1894.
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'''Los gobiernos del Perú'''. Ricardo Palma, ''Tradiciones peruanas - Quinta serie'', Tomo III, 1894.<br>
Un día en que estaba el buen Dios dispuesto a prodigar mercedes, tuvo con él un coloquio Santa Rosa de Lima. Mi paisana, que al vuelo conoció la benévola disposición de ánimo del Señor, aprovechó la coyuntura para pedirle gracias, no para ella (que harta tuvo con nacer predestinada para los altares), sino para esta su patria.
 
  
-¡Señor! Haz que la benignidad del clima de mi tierra llegue a ser proverbial.
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Un día en que estaba el buen Dios dispuesto a prodigar mercedes, tuvo con él un coloquio Santa Rosa de Lima. Mi paisana, que al vuelo conoció la benévola disposición de ánimo del Señor, aprovechó la coyuntura para pedirle gracias, no para ella (que harta tuvo con nacer predestinada para los altares), sino para esta su patria.<br>
-Concedido, Rosa. No habrá en Lima exceso de calor ni de frío, lluvia ni tempestades.
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-Ruégote, Señor, que hagas del Perú un país muy rico.
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-Corriente, Rosa, corriente. Si no bastasen la feracidad del terreno, la abundancia de producciones y los tesoros de las minas, le daré, cuando llegue la oportunidad, guano y salitre.
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-Pídote, Señor, que des belleza y virtud a las mujeres de Lima y a los hombres clara inteligencia.
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Y cata por qué el Perú anda siempre mal gobernado, que otro gallo nos cantara si la santa hubiera comenzado a pedir por donde concluyó.
 
Y cata por qué el Perú anda siempre mal gobernado, que otro gallo nos cantara si la santa hubiera comenzado a pedir por donde concluyó.

Revision as of 21:18, 15 January 2026

Rosa Lima 1.png

Los gobiernos del Perú. Ricardo Palma, Tradiciones peruanas - Quinta serie, Tomo III, 1894.

Un día en que estaba el buen Dios dispuesto a prodigar mercedes, tuvo con él un coloquio Santa Rosa de Lima. Mi paisana, que al vuelo conoció la benévola disposición de ánimo del Señor, aprovechó la coyuntura para pedirle gracias, no para ella (que harta tuvo con nacer predestinada para los altares), sino para esta su patria.


-¡Señor! Haz que la benignidad del clima de mi tierra llegue a ser proverbial.
-Concedido, Rosa. No habrá en Lima exceso de calor ni de frío, lluvia ni tempestades.
-Ruégote, Señor, que hagas del Perú un país muy rico.
-Corriente, Rosa, corriente. Si no bastasen la feracidad del terreno, la abundancia de producciones y los tesoros de las minas, le daré, cuando llegue la oportunidad, guano y salitre.
-Pídote, Señor, que des belleza y virtud a las mujeres de Lima y a los hombres clara inteligencia.
Como se ve, la santa se despachaba a su gusto.
La pretensión era gorda, y el Señor empezó a ponerse de mal humor.
Era ya mucho pedir; pero, en fin, después de meditarlo un segundo, contestó sin sonreírse:
-Está bien, Rosa, está bien.
A la pedigüeña le faltó tacto para conocer que con tanto pedir se iba haciendo empalagosa. Al fin mujer. Así son todas. Les da usted la mano y quieren hasta el codo.
El Señor hizo un movimiento para retirarse, pero la santa se interpuso:
-¡Señor! ¡Señor!
-¡Cómo! ¡Qué! ¿Todavía quieres más?
-Sí, Señor. Dale a mi patria buen gobierno.
Aquí, amoscado el buen Dios, la volvió la espalda diciendo:
-¡Rosita! ¡Rosita! ¿Quieres irte a freír buñuelos?
Y cata por qué el Perú anda siempre mal gobernado, que otro gallo nos cantara si la santa hubiera comenzado a pedir por donde concluyó.