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trabajan los nuestros en las Doctrinas y Misiones no se puede negar que [h]ay en ellas algunos defectos que necesitan de remedio. Confirmo todos los órdenes que dejó en el[l]as el P[adr]e Visitador y no puedo dejar de estrañar que el celo de los ministros encomiende un cuidado tan pr[incip]al como el de enseñar la doctrina christiana y asistir a ella, a el fiscal del Pueblo y q[u]e para hacer los matrimonios no examinen los curas a los contrayentes y se contenten con que el fiscal testigo de que saven la doctrina christiana esta testificación en muchas occasiones se ha hallado falsa y assí encomiende V. R.a a los P[adres] que examinen por sí proprios los indios; ni deve darse más crédito a los enfermeros, pues su descuido en avisar del peligro ha sido causa de que mueran algunos sin sacramentos.

En otra carta que es la 5a del mismo, y de la mesma fecha dice assí: Los excesos que ha [h]avido en esas Doctrinas en comprar alajas de plata y otras cosas p[ar]a el adorno de la Ig[lesi]a, en vestir los danzantes y Cavos de la soldadesca, cada día han ido creciendo sin que vasten las ór[de]nes de los Superiores para impedirlos, ni se repare en que viendo los R[eale]s Ministros tantas y tan preciosas alajas en un Pueblo de indios, es natural les juzguen muy ricos y les carguen de tributos; para impedir esos, y otros absurdos